Un libro al que algunos llaman "novela epistolar", yo diría que es una historia contada casi exclusivamente a través de cartas, pero también hay partes narrativas muy ágiles y diálogos precisos. La historia de una familia burguesa en Italia entre los años 70 y 71, un hijo bohemio llamado Miguel de alrededor de 20 años que se busca a sí mismo, todo parece girar alrededor de la ausencia de Miguel, el hijo, el hermano, el padre? que no está. Miguel se aleja de una madre depresiva, confieso que al principio el personaje de Adriana me parecía interesante pero se va volviendo triste y chato, se aleja también de un padre arrogante y de varias hermanas que parecen insulsas o aburridas, excepto Angélica con quien hay una comunicación más sincera.
La madre y sus cartas que se vuelven cada vez más aburridas y tristes. Osvaldo, el amigo, un personaje melancólico y sensible, generoso, que parece dar vueltas en la novela sin saber bien qué quiere ni a donde va, es quien más dialoga con Angélica, a través de estos dos personajes es cuando más sabemos de Miguel y por eso da la impresión que un poco los demás personajes se mueven alrededor de ellos.
Natalia y su crítica a los matrimonios, ninguno parece funcionar.
El personaje de Mara quizás sea el más cuestinado en la novela, a mí me pareció el más interesante, quizás el más fresco y vital, es como una especie de Miguel a la inversa, ella también es bohemia, liberal, trotamundos, también está un poco perdida, pero a diferencia de Miguel es pobre y es mujer, por eso parece ser el blanco de la novela, además madre soltera.
Nunca sabemos demasiado de Miguel, qué tan verdaderas son las cosas que cuenta en sus cartas, qué tan convencido está de sus luchas e ideales políticos, pero es el único de la familia que ha podido partir a tratar de hacerse la vida solo, un poco huyendo y un poco persiguiendo algo que nunca terminamos de saber bien qué es.
En la novela, en las cartas, las conversaciones giran en torno al dinero, a las propiedades, en casi todas las cartas se menciona la plata, el tenera o no tenerla, el pedirla, el gastarla, así aparecen entre los personajes los contrastes de clases sociales, Mara que no tiene donde vivir y un viejo que gasta diez millones en una torre que nadie va a usar.
El libro lo encontré en un puesto de usado en Parque Saavedra a un precio de chiste, es una edición de Librerías Fausto de 1974, sanita de hojas ya amarronadas, una verdadera joya para mí. Su lectura me deja la sensación de que las familias son todas un quilombo (algunas más), que a los padres no hay que llevarles el apunte y que se hagan cargo de la vida que se eligieron, que el matrimonio siempre es difícil cuando no imposible, que la amistad es un refugio, que las relaciones sinceras que podemos establecer a veces son muy pocas pero son las que valen, que los hermanos puedan ser nuestros amigos es una de las mejores cosas que nos puede dar la familia, que a veces la mayoría de los adultos no sabe bien qué hacer con sus hijos, a veces son un estorbo, otras una distracción y no mucho más.
En estos meses también estoy leyendo a Puig y encuentro particularmente con esta novela algunos puntos de contacto, la conversación, todo lo que se dice y no se dice en las conversaciones, pareciera que muchas veces las cartas se escriben para sí mismos, la incomunicación y el gran tema de la soledad humana.

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